martes 14 de septiembre de 2010

Lecturas para compartir

ÁFRICA PRADO No tienes que hacerte socio de ninguna biblioteca, ni devolver el libro en un plazo determinado y, a veces, ni siquiera devolverlo. Las bibliotecas populares de autogestión -así las han bautizado en algunos lugares- han aparecido en los últimos meses en bares y asociaciones culturales de Alicante con el fin de "liberar" libros que cogen polvo en las estanterías y posibilitar su disfrute en otras manos. Al cobijo del bookcrossing pero sin tener que dejar un libro perdido junto a un árbol para que alguien lo encuentre, lugares como el Ateneo Cultural Macondo, en la plaza Hermanos Pascual, posibilitan el intercambio de ejemplares desde hace un año. Su biblioteca popular ha tenido ya alrededor de 800 entradas, aunque empezaron con 42 libros que los miembros de este colectivo llevaron al local y en un mes duplicaron la cifra con otras donaciones particulares. "¿Qué haces con los libros que tienes en casa que ya has leído? Algunos tendrán valor sentimental pero hay otros que no los vas a volver a tocar y esto es una alternativa más para que puedan estar en manos de otras personas", señalan Óskar Gancedo y Aitor San Miguel, miembros de Macondo -que ha robado el nombre de la novela Cien años de soledad de García Márquez-, donde la regla es: traes un libro a cambio de otro, independientemente de que cualquiera puede hacer donaciones. En las estanterías de Macondo comparten espacio Las bostonianas de Henry James, El Quijote o los tres volúmenes de El señor de los anillos de Tolkien con un libro de reparación de automóviles, manuales de geografía descriptiva o de física aplicada. También están al día y se nota más movimiento cuando muere algún escritor para recordar su lectura, como ha sucedido con Delibes o Saramago. ¿Cabe la ideología en una biblioteca popular? "No discriminamos obras, aquí tenemos un montón de libros de Vizcaíno Casas, de Jiménez del Oso o de Losantos, pero si las elimináramos porque no nos gustan entonces estaríamos haciendo nuestra biblioteca particular y esa no es la cuestión", señalan Óskar y Aitor. La máxima de un libro por otro, no obstante, debe matizarse a veces para evitar que la biblioteca sea utilizada como un "vertedero" de libros sin interés que en ocasiones llegan "rotos o comidos por los ratones"; tampoco es necesario devolver el libro que te lleves y la idea es que continúe rotando en otros puntos de intercambio. Macondo está en contacto con una peluquería del barrio, con la sede de IU o El Ring para distribuir la lectura. Así se hizo también en la Taberna de Nico, un bar de tapas y cañas en Marqués de Molins donde su propietaria, Nieves González, tenía de clientes a la gente de Macondo y le dejaron unos 40 libros el pasado mes de febrero. "Me pareció buena idea tener una biblioteca para hacer trueque y tenemos de todo: libros en inglés y en francés, de consulta, novelas, románticas, de aventuras... Aunque ya hemos dejado de tener control de lo que hay y a veces desaparece alguno pero mientras se lea está bien", explica Nieves, de 50 años, que considera que los libros "le dan un valor añadido al local, tiene muy buena acogida, y así se mueve un poco el barrio". A Merce Francés, propietaria del bar El Jaleo, en García Morato, se le ocurrió crear una "biblioteca para compartir" en el último Día del Libro, donde "cambiamos una caña por un libro y recogimos muchos. Ahora tenemos unos cien y la gente intercambia uno por otro. A lo mejor hacemos otra fiesta para hacer una nueva recogida de libros". La variedad también está presente en los estantes, que albergan desde diccionarios a libros de novela policiaca, de cuentos o poesía, "sólo pedimos que traigan libros que tengan un poco de interés", indica Merce, que añade que con esta actividad "se trata de hacer otras cosas en los bares y se suma a otros talleres de pintura o dibujo que hacemos". Algo parecido piensa Nelo Curti, responsable de la tetería El Tábano, junto a Las Cigarreras, que desde hace cinco años dispone de una biblioteca con más de 1.300 volúmenes. "Fuimos llevando libros de casa que no queríamos conservar e hicimos una campaña para que la gente del bar y del barrio donara, incluso tuvimos una ayuda de la Dirección General del Libro para comprar ejemplares", señala Nelo, que aclara que su uso es más de consulta que de intercambio, aunque los libros no tienen límite de tiempo para ser devueltos y sólo hay que dejar un nombre y un teléfono. "Es una seña de identidad del local, lo del bar es más bien secundario, para subsistir, pero además de la biblioteca tenemos talleres de poesía, teatro, dibujo, conciertos...", señala el responsable, que en su caso sí realiza una selección de las obras -sobre todo literatura hispanoamericana , novela, ensayo y poesía- "y los que no nos interesan los llevamos a otros centros para que los usen o los vendan". Su público, como en el resto, es variado: "Tenemos muchos estudiantes pero también muchos jubilados del barrio".

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